
El 19 de septiembre de 1783, en presencia de Luis XVI y María Antonieta y ante una multitud de miles de espectadores atónitos, un globo aerostático azul se elevaba sobre Versalles con tres pasajeros especiales a bordo: una oveja, un pato y un gallo. Pocos meses después, serían dos hombres quienes cruzarían por primera vez el cielo de París. Montgolfier rinde homenaje a esta hazaña con una obra que reproduce fielmente las decoraciones del globo original en una obra maestra de fundición a la cera perdida y acabados en vermeil.
Bajo el remate dorado del capuchón, con forma de cúpula de globo aerostático, desfilan los paños ornamentales del globo y una corona de signos zodiacales. En el centro, un medallón leonino simboliza la fuerza regia, el coraje y el poder de la Naturaleza dominada por la razón.


Sobre el cuerpo de acrílico azul, un águila dorada despliega sus alas con orgullo. Emblema de la visión y del poder, simboliza el ideal ilustrado de un saber capaz de elevarse y dominar el espacio. El clip de microfusión reproduce una cuerda retorcida, metáfora iconográfica de la conexión entre el cielo y la tierra.
En el disco del culote octogonal de plata, finamente trabajado a guilloché con una trama que recrea el tejido de la cesta aerostática del primer vuelo, está grabado el número de la edición.

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